En este corto de animación en el que hay ausencia de palabra, la música es, fundamentalmente, la encargada de proporcionar vida a las imágenes. En un estilo musical heredado de los compositores de Pixar, y en la forma meticulosa de sincronizar denominada mickeymousing, el resultado es una bella pieza que transita por todos los estados de ánimo de los dos protagonistas, subrayando la moraleja final de no rendirse ante los desafíos.